(Supongo que pocos saben de ese elefante, yo lo reconocí y aunque no tengo derecho, me he robado dichos párrafos, no sin dar crédito a quien lo merece, eso me disculpa acaso?) He aquí:
Hubo un tiempo en el que las horas se expandían, como el humo en la atmósfera.
Y las risas nos meaban la cara, la arena nos besaba los pies y la luna hacía que tus labios humedos y carnosos se me antojaran besandome la espalda. El bramido de las olas estrellandose en mis ojos y los tuyos viendo el infinito y oscuro mar del deseo, pero no el mio. Las estrellas formando sus constelaciones nos veían a lo lejos. Seguramente Sagitario no quería comer pescado.
Otrora en el que las horas se contraían como las cerdas al quemar la piel del marrano.
Y la brisa del mar enfriando nuestras espaldas suspendidas en la hamaca. Tus débiles insinuaciones se apagaban en cualquier indicio. Dormido está el elefante del mar, tú no. Y meciéndonos en la noche silenciosa me di cuenta de tu infante anhelo de no querer perder nada. Tomé un jarabe de mar plateado por la luna y decidí dormir para recordar que el miedo a intentar querer y la indecisión pueden hacer que la vida se vaya. Yo no se que buscamos en las botellas de mar, quizá sea una canción o quizá sólo sea ganar una lavadora. El mar tiene estrellas y yo recuerdo haber visto algunas constelaciones de lunares en tu cara, tan fácil que sería quemarse en esos soles.
Hubo un tiempo en el que las horas se expandían, como el humo en la atmósfera.
Y las risas nos meaban la cara, la arena nos besaba los pies y la luna hacía que tus labios humedos y carnosos se me antojaran besandome la espalda. El bramido de las olas estrellandose en mis ojos y los tuyos viendo el infinito y oscuro mar del deseo, pero no el mio. Las estrellas formando sus constelaciones nos veían a lo lejos. Seguramente Sagitario no quería comer pescado.
Otrora en el que las horas se contraían como las cerdas al quemar la piel del marrano.
Y la brisa del mar enfriando nuestras espaldas suspendidas en la hamaca. Tus débiles insinuaciones se apagaban en cualquier indicio. Dormido está el elefante del mar, tú no. Y meciéndonos en la noche silenciosa me di cuenta de tu infante anhelo de no querer perder nada. Tomé un jarabe de mar plateado por la luna y decidí dormir para recordar que el miedo a intentar querer y la indecisión pueden hacer que la vida se vaya. Yo no se que buscamos en las botellas de mar, quizá sea una canción o quizá sólo sea ganar una lavadora. El mar tiene estrellas y yo recuerdo haber visto algunas constelaciones de lunares en tu cara, tan fácil que sería quemarse en esos soles.