Estoy aquí antes de lo acordado. Dormí durante el translado y la boca me quedó llena de sueño, la vista aún nublada, la mente confusa. Espero mostrarme tranquila al momento de su arribo pero de cualquier forma hay un cosquilleo que me recorre. Diez minutos. Es lo que fata para que ella llegue. Comienzan a atormentarme preguntas que parecerán absurdas a su encuentro: ¿Debí contestar para confirmar la hora y el lugar? ¿Quedamos realmente en este lugar? ¿Y si no llega? ... y otras estupideces del mismo estilo.
Al menos estaré puntual, a la hora acordada. Quería ver su cara al verme llegar y no al revés. ¿Cómo estará vestida? ¿Me habré puesto algo demasiado escandaloso? ¿Será tan notorio que me gusta? En unos minutos me retiraré de este puesto e iré a recorrer el andén de punta a punta. Hubiera sido más sencillo si no hubiese borrado su mensaje con las indicaciones de la cita. ¿Por qué lo borré? No tengo miedo o necesidad de ocultarlo: únicamente por tener espacio, supongo. No lo guardé porque no es más trascendental la forma en que me dice "Hola mujer" y no "Hola tú" cómo yo lo hago, fingiendo ser amigable y sin quererlo tanto así, tratándola como a alguno de mis pretendientes. Ella dice "Hola mujer" y me reconozco en ese sujeto: mujer. Nochica. No niña. No amiga. No Olga, sino Mujer. Mis sentidos están complacidos. Ya es hora.