Techos como nubes/La lluvia en el metro

La semana pasada llegué a metro Zapata como todos los días. El día estaba nublado y el frío seguramente mantenía a la gente en sus casas a esa hora. Bajé corriendo las escaleras y vi como frente a la taquilla, sí, dentro del metro llovía y llovía. Miles de gotas caían de una buena parte del techo, desde la taquilla hasta los torniquetes, donde incluso ya se habían formado enormes charcos como espejos. Los policías de la estación actuaban como si nada pasara y la gente se miraba una a otra extrañada, luego corría hacia los torniquetes cuidando de no resbalar y de no mojarse tanto. Pensé que en algún momento quizá algo haría corto, y un estallido apagaría la luz de las lámparas de las que no dejaba de salir agua. Fue un viaje muy extraño. Ésta vez sí me hubiera gustado cargar un paraguas y poder ser parte de la escena. Quizá hubo alguna avería o algún tubo se rompió inundando el nivel superior; quizá la lluvia decidió conocer otros lugares, bañar nuevas superficies y hacer germinar los fósiles del piso del metro. Prefiero no saber. Y en serio: ¡esto no fue un sueño!

El sueño intermitente

El calor se encerraba. Aire nuevo entraba por las puertas en cada estación del metro, pero era tanta la cantidad de gente que se movía esa mañana, que el vagón rápidamente se sentía saturado de aire ya muy respirado. Al frente mío y recargado en la puerta estaba un señor calvo leyendo el periódico. Yo estaba sentada junto a la ventana. En esa atmósfera cerraba los ojos. Pasaba sólo un segundo. Abría los ojos. ¿Cuántas estaciones habría dormido? El señor del periódico ya no estaba, en su lugar había una chica de mochila roja con la mirada perdida. Seguro también ella tenía sueño. Seguía sintiéndome somnolienta. Cerraba los ojos. Los abría. Al frente mío y recargado en la puerta estaba el señor calvo leyendo el periódico. ¿Cómo podía leer a esa hora? Hacía calor y era muy temprano. Cerraba los ojos unos segundos. Los abría. El señor del periódico ya no estaba, en su lugar estaba de nuevo la chica de mochila roja con la mirada perdida. ¿Qué hora sería ya? Cerraba los ojos. Otra vez los abría. Al frente mío y recargado en la puerta estaba una vez más el señor calvo del periódico. ¿No estaba ahí parada la chica de mochila roja? Cerraba los ojos unos segundos. De nuevo al abrirlos, el señor calvo del periódico ya no se encontraba, ahora estaba la chica de mochila roja y mirada perdida. Cerraba los ojos. Sabía que era tarde, pero ya no faltaba mucho para llegar. Abría los ojos. Al frente mío y recargado en la puerta estaba el señor calvo leyendo el periódico. Seguro estaba soñando intermitentemente la escena. El metro se paraba. Las puertas se abrían. Fin del trayecto.


Subí las escaleras aún con sueño, cuando me rebasó corriendo la chica de la mochila roja, con la mirada ahora atenta en los escalones.

Llegué contenta a la facultad ese día. Ya sabía a quién de los dos había estado soñando

Elementos del día en la noche / La ciencia del sueño

En la película La Ciencia del Sueño, se dice que los sueños son una delicada mezcla de recuerdos, canciones, situaciones vividas durante el día, deseos... Este sueño es especialmente significativo para mi por la cantidad de elementos del día que se incluyen en el. Es muy largo y seguramente todavía mas aburrido ¡pero no me importa!


Todo comienza en el metro, seguramente en la linea 3 (en la que viajo todos los días). En el mismo vagón están sentadas (las personas con las que pasé la tarde en el Tlahuizcalapan) Denise, Carmen, Itzel y Ulises, con él estoy sentada. Él me va diciendo colores, uno tras otro, indicándome los chicos gays que se encuentran en el vagón por el color de su ropa (como lo hizo días antes del sueño). Dice Azul, rojo, blanco, negro, rayas verdes y azules... Pero yo no veo nada, todas las personas en el vagón se ven en blanco y negro, ninguna tiene color ni rostro. Todos bajan en alguna estación desconocida y yo sigo hasta el final de la línea. Luego salgo del metro y tomo un pecero (como hago todos los días para llegar a mi casa), pero me quedo dormida profundamente. Despierto al escuchar la voz del chofer. Ya bájate niña, aquí termina la ruta. Contesto algo típico. ¡Ash! Y bajo para descubrir que no tengo idea de dónde estoy.

Comienzo a caminar por un sendero de árboles hasta llegar a un lugar, no lo reconozco, pero se supone que es la Facultad de Economía. Encuentro a mi amigo Huitzi, (al que fui a visitar la semana pasada a su facultad por su cumpleaños) que estudia ahí. No hay problema si estás perdida Olga, yo te puedo indicar como llegar a tu casa. Me presenta a una chica que le gusta mientras me cierra el ojo. Caminamos hacia la parada de un camión hacia mi casa cuando veo de repente un musgo gigante ¡Es tan grande y se ven tan bien los detalles como si lo estuviera haciendo a través de un microscopio de disección! (justo ese día vi musgos así en una práctica de Plantas I)

Al subir al camión que me llevará a mi casa noto que el piso está cubierto de tierra y en algunos lugares hay algo parecido a hormigueros gigantes. No se de que forma Huitzi y yo nos metemos en ellos y salimos por otro (como en Mario Bros).

El camión me deja ahora enfrente de mi casa pero en la de Puebla. Trato de entrar pero mi llave se traba (como me pasó ese día con la llave del casillero de Denise), así que voy a la casa de junto para que me permitan llamar a mi hermano Juan, para que abra (como pasa cada vez que olvido las llaves o semejante).

En la casa de junto, que es exactamente como la mía, vive Gaby, mi mejor amiga. Me deja entrar a su casa, sus papás están lanzándose cosas, creo que platos, yo no entiendo nada. Ahí ella llama a mi hermano a través de un teclado pegado a un espejo. Escucho como suena un teléfono y contesta mi dentista de la secundaria. Hola Olga, hace mucho que no sabía de ti. ¿Necesitas hablar con Juan? Aquí está, te lo paso en un minuto.

Mientras llega Juan observo que en lugar de pared en un lado de la casa hay un jardín y una alberca. Muchas personas tienen una especie de fiesta ahí. La siguiente escena que veo es la de la cerradura y la llave de Juan abriendo la puerta.

Amén

¿Cómo recuerdo tantas cosas?

Cocodrilo dientes de Yalult

(Este también es del 2007)
En algunas ocasiones cuando hablo con Chino por teléfono ya muy de madrugada y estamos cansados, inevitablemente alguno de los dos se queda dormido mientras el otro sigue vaciando su necesidad de ser escuchado.


Uno de esos días, mientras Chino seguía contándome algo, me quedé dormida en el sillón y .. de hecho no recuerdo bien como es el sueño, fue hace ya bastante tiempo, (creo que más que el sueño de abajo) pero recuerdo estar en una gran gran boca de cocodrilo, como una cueva, y el cocodrilo, en lugar de tener dientes tenía de esos Yakult (que no estoy segura de haberlos probado, pero me parece que no me gustan... lo siento Damián, jajaja), algunos de ellos tenían la tapa rota y estaban vacíos, y yo entendía perfectamente que esos dientes estaban picados; otros envases estaban llenos, eran dientes sanos.

La boca del cocodrilo era la entrada de algún lugar, ese cocodrilo tenía una lengua roja, un tapete de entrada o algo así. Durante todo ese sueño escucho la voz de Chino (que me estaba hablando por el teléfono) y es todo lo que recuerdo

Septiembre de 2007

Este es un sueño de hace como unos 4 meses, creo. Pensaría que es el tiempo suficiente para que hubiera desaparecido. Casi siempre mis sueños tienen una vida efímera y se pierden en el olvido. No es el caso de este, estaba medio anotado en un post-it y va así:
Al principio nos encontramos Cano, una chica de rojo (creo que es su novia), Daniel y yo. Él me dice que estamos en su antigua escuela secundaria y que debe entregar un trabajo. Todo está oscuro, es un pasillo largo y se puede ver el cielo.


Me presentan a un chica que no hace otra cosa más que presumir sobre ella misma y sobre todos sus “logros en la vida”. La otra chica de rojo me dice al oído, como en secreto, cosas que no entiendo, creo que se queja de la otra.

Cano y Daniel se van a entregar el trabajo. Nosotras nos encontramos con un grupito de chicos y comenzamos a jugar, no entiendo que estamos haciendo exactamente pero todo mundo está corriendo en la oscuridad, hay alguien que nos está persiguiendo y cuando por fin alcanza a alguien éste se queda paralizado. En determinado momento no puedo ver nada, así que decido alumbrar con la luz del celular y ver si están bien algunos de los que han atrapado. Están quietos y no pueden moverse. Con el calor de la luz logran “descongelarse” y comienzan a correr.

De repente ya hay más luz, parece que hubiera amanecido. Busco a todos a mi alrededor pero ya solo está una chica que conocí en la secundaria, su nombre es Nancy. Mientras converso con ella (no recuerdo sobre qué) no advierto que ella de repente es una niña de la Primaria: Laura. Sigo conversando con una y con la otra intermitentemente. Decido que debo irme y salgo al patio.

En el patio hay un gran árbol con un tronco sumamente grueso y unas ramas que invitan a abrazarlo y a treparlo. El tronco es tan grueso que hay gente organizada en excursiones visita cada parte alrededor de él.

Al subirme encuentro en él un hormiguero. Hay muchísimas hormigas rodeándome. Cada rama del árbol tiene vida y hay alguien o algo sobre él realizando alguna actividad, tomando fotos, comiendo, haciendo planas, leyendo libros de cálculo, observando a los demás. No recuerdo más desde ahí.

que acecha cada domingo

Lo que dicen que hasta ahora está demostrado es que no ataca sólo en las noches de luna llena, o cuando el cielo se pone gris y se tiende a la remembranza de otros tiempos, sino cada domingo. En ese día, mientras uno se prepara para las actividades con que se comenzará la siguiente semana. Es en ese momento, cuando uno está vulnerable, cuando las cosas se realizan con cierta pasividad, sin prisa. Es antes de que uno vaya a la cama o simplemente antes de dormir. Es ahí. Siempre ataca. De forma escurridiza entra a la casa y a la habitación, sin que nadie note su presencia. Aún sabiendo de su venida es imposible atraparle y casi imposible huir de su mordida.

Se le pueden poner trampas, sólo basta ocupar la mente en esos días, pero casi nunca funciona, cuando uno se siente a salvo, existe siempre la posibilidad de voltear a agluna esquina y con una sencilla mirada a algún objeto o fotografía, hacer revivir a ese animal sanguinario.

Creí que sólo se aparecía pr aquí, pero éste domingo me he dado cuenta que también pasa por tu casa, como un mounstruo con muchas cabezas, que se mete en todos lados y pudo estar estar domingo en muchas casas a la vez. Antier estuvo en tu casa. Tu llamada me lo confirmó antes de escuchar tu voz.

Yo me he vuelto adicta a las sensaciones que me crea el miedo de su llegada, la angustia de su paso por la casa y el alivio (y mi derrota) a su partida. Pero sobre todo, parece que ahora espero con ansias la reacción que provoca en ti, que se traduce en una llamada tuya a mi teléfono.

Antier también sucedió. Justo cuando pensé que era una criatura extinta, que hasta sentí algo de pena por su desaparición y el fin de tus llamadas. Me sorprendió ver que no sólo estaba dentro de mi casa este domingo; cuando sonó el teléfono, supe que también se hallaba en la tuya, como cada semana, a su ritmo constante: periódica, indomable, sigilosa Melancolía.