Lo que dicen que hasta ahora está demostrado es que no ataca sólo en las noches de luna llena, o cuando el cielo se pone gris y se tiende a la remembranza de otros tiempos, sino cada domingo. En ese día, mientras uno se prepara para las actividades con que se comenzará la siguiente semana. Es en ese momento, cuando uno está vulnerable, cuando las cosas se realizan con cierta pasividad, sin prisa. Es antes de que uno vaya a la cama o simplemente antes de dormir. Es ahí. Siempre ataca. De forma escurridiza entra a la casa y a la habitación, sin que nadie note su presencia. Aún sabiendo de su venida es imposible atraparle y casi imposible huir de su mordida.
Se le pueden poner trampas, sólo basta ocupar la mente en esos días, pero casi nunca funciona, cuando uno se siente a salvo, existe siempre la posibilidad de voltear a agluna esquina y con una sencilla mirada a algún objeto o fotografía, hacer revivir a ese animal sanguinario.
Creí que sólo se aparecía pr aquí, pero éste domingo me he dado cuenta que también pasa por tu casa, como un mounstruo con muchas cabezas, que se mete en todos lados y pudo estar estar domingo en muchas casas a la vez. Antier estuvo en tu casa. Tu llamada me lo confirmó antes de escuchar tu voz.
Yo me he vuelto adicta a las sensaciones que me crea el miedo de su llegada, la angustia de su paso por la casa y el alivio (y mi derrota) a su partida. Pero sobre todo, parece que ahora espero con ansias la reacción que provoca en ti, que se traduce en una llamada tuya a mi teléfono.
Antier también sucedió. Justo cuando pensé que era una criatura extinta, que hasta sentí algo de pena por su desaparición y el fin de tus llamadas. Me sorprendió ver que no sólo estaba dentro de mi casa este domingo; cuando sonó el teléfono, supe que también se hallaba en la tuya, como cada semana, a su ritmo constante: periódica, indomable, sigilosa Melancolía.
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