Techos como nubes/La lluvia en el metro
La semana pasada llegué a metro Zapata como todos los días. El día estaba nublado y el frío seguramente mantenía a la gente en sus casas a esa hora. Bajé corriendo las escaleras y vi como frente a la taquilla, sí, dentro del metro llovía y llovía. Miles de gotas caían de una buena parte del techo, desde la taquilla hasta los torniquetes, donde incluso ya se habían formado enormes charcos como espejos. Los policías de la estación actuaban como si nada pasara y la gente se miraba una a otra extrañada, luego corría hacia los torniquetes cuidando de no resbalar y de no mojarse tanto. Pensé que en algún momento quizá algo haría corto, y un estallido apagaría la luz de las lámparas de las que no dejaba de salir agua. Fue un viaje muy extraño. Ésta vez sí me hubiera gustado cargar un paraguas y poder ser parte de la escena. Quizá hubo alguna avería o algún tubo se rompió inundando el nivel superior; quizá la lluvia decidió conocer otros lugares, bañar nuevas superficies y hacer germinar los fósiles del piso del metro. Prefiero no saber. Y en serio: ¡esto no fue un sueño!
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